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Trae a tu perro al trabajo

Trae a tu perro al trabajo

 

El miércoles, sólo por un día, varios miles de desempleados y de posibles parados acudirán a los lugares de trabajo de Reino Unido. El coeficiente intelectual de la mayoría de ellos será excepcionalmente bajo y sólo podrán entender las instrucciones más sencillas. Muchos también sufrirán halitosis y mostrarán una propensión a comportarse con una simpatía inadecuada o con una súbita hostilidad.

La ocasión se llama Trae a tu perro al trabajo, un evento que según prometen sus organizadores elevará la moral y la productividad –y aumentará el dinero de la organización benéfica que lo organiza–.

El esquema supone una considerable mejora con respecto a "Trae a tu hijo al trabajo", sobre el que se basa. En el caso de los niños, todos parecen salir perdiendo. Los niños pierden porque la oficina es un lugar aburrido para un niño de 10 años: hay tanto colorido allí, que incluso un pequeño dócil está dispuesto a comprometerse.

Los padres pierden porque tener un niño intranquilo sobre sus rodillas cuando están intentando rellenar sus hojas de gastos puede resultar estresante. Y los compañeros pierden porque se sienten obligados a pararse y preguntar: “¿Cuántos años tienes?” Y: “¿Te lo estás pasando bien?”. Preguntas a las que raramente sigue una conversación interesante.

En cambio, el perro al menos sale ganando con pasar un día en la oficina, ya que casi sin duda resultará más divertido que quedarse sólo en casa. Y los daños colaterales que un perro inflige a tus colegas son mínimos: el perro, por lo general, te dará un lametazo, te olerá y se tumbará a dormir.

Podría haber problemas si los perros empezaran a pelearse o a reunirse junto a la fuente de agua, pero la organización benéfica también tiene respuestas para esto. En su página de Internet se puede descargar un libro en el que explican cómo puedes ayudar a tu perro a adaptarse a la oficina.

Sugiere que hay que prepararse el día anterior encontrando un lugar cómodo para que se tumbe el perro, y después anima a pasearlo por la oficina, presentándoselo a los compañeros. Parece agradable –tan agradable que hace desear que los jefes se tomaran las mismas molestias a la hora de incorporar a nuevos empleados a la oficina–. Con demasiada frecuencia, ni siquiera hay alguien que se haya preocupado de encontrar una mesa o un ordenador que funcione.

Lo que más me molesta sobre este evento es la evidencia de que la línea entre el Homo Sapiens y el reino animal se está difuminando.

Según un informe de prensa publicado la semana pasada, los dueños han comenzado a poner a los perros el mismo nombre que a sus hijos. Rex y Rover están desapareciendo mientras que Alfie y Rosie se ponen de moda. Este es el verdadero problema de llevar los perros a la oficina: es posible que los canes sepan cuál es su lugar, pero ese no es el caso de sus propietarios.

Tengo una amiga muy inteligente y poco sentimentalista que ocupa uno de los cargos más importantes de una empresa británica de medios de comunicación. Trata a sus hijos con sensatez, pero con su perro se comporta como una bobalicona. “Hola, Alfie”, dice suavemente mientras el perro corre y ladra a su alrededor. Nadie desea ver a sus colegas degradarse hasta este punto.

Otro problema de llevar los perros al trabajo es que no encajan con los valores y actitudes del moderno empleado. Para empezar, son leales, y este rasgo pasó de moda a finales de los 80. Segundo, no son muy limpios, y la higiene está de moda gracias a la gripe A.

La mascota más adecuada para la oficina moderna es el pez de colores, no sólo porque no cause problemas y se pueda tirar fácilmente por el retrete cuando muere sino porque, pese a que esté mirando todo el tiempo al exterior de la pecera, no puede recordar nada durante más de uno o dos segundos. La quiebra de Lehman Brothers hace un año está haciendo que emerja el pez de colores que todos llevamos dentro: estamos olvidando las lecciones tan rápido como podemos.

Fuente: Expansión.com