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Se disparan las denuncias sobre perros peligrosos
Badajoz, Más allá de lo que sucedió la semana pasada en San Roque cuando un pit bull atacó a un niño y sus padres, las incidencias que protagonizan animales de este tipo no son, ni mucho menos, un hecho aislado. Basta poner sobre la mesa varios datos para entender que los perros peligrosos están de moda en la ciudad. En lo que va de año, la Policía Local ha cursado 43 denuncias relacionadas con este asunto. Un número de multas que deja muy atrás las 17 en todo el 2010 o las 8 en el 2009.
 
El espectacular aumento no hay que buscarlo en que los agentes tengan este año un especial celo con los perros de presa, simplemente se dispara las denuncias porque también ha aumentado el número de perros de razas peligrosas en la ciudad.
 
La lógica explicación la aporta Juan José Venero, superintendente de la Policía Local. Venero cree que en los últimos meses se ha desatado una especie de fiebre por estos animales y eso termina repercutiendo en las estadísticas policiales. Lo compara con lo que sucedido en su día con los quads, cuando estos coches empezaron a tener éxito y aumentaron sus ventas, se incrementaron también los accidentes. Aunque en la estadística policial que habla del casi medio centenar de denuncias relativa a los canes peligrosos no se especifica las infracciones.
 
Venero recuerda que las más repetidas tienen que ver con no llevar el animal con la correa o no contar con la licencia municipal que se exige a determinadas razas para andar por la ciudad.
 
Tampoco se debe olvidar el efecto llamada que suelen tener los sucesos que protagonizan estos animales, cada vez que se conoce algún ataque aumentan las llamadas a la comisaría de la Policía Local alertando que un animal peligroso anda suelto cerca. El último ejemplo se vio la semana pasada, al día siguiente de que se conociera la noticia del ataque en San Roque, en la centralita de los municipales recibieron tres llamadas en poco más de una hora, entre las ocho y las nueve y cuarto de la tarde.
 
El responsable de la Policía Local tampoco esconde que, algunas veces, los dueños de estos animales suelen ser personas relacionadas con el menudeo y el trapicheo de drogas. Sin querer generalizar, Venero recuerda que precisamente muchos de los responsables denunciados responden al perfil de joven pandillero que utiliza el animal para hacer ostentación de poder ante los demás. «Como no pueden enseñar una pistola, llevan el pit bull al lado».
 
Venero descarta que se utilicen para peleas organizadas, una práctica prohibida y castigada, porque en Badajoz no hay constancia de denuncias o investigaciones que barajen esta opción, al menos de momento.
 
Aunque el aumento de sanciones sirve de referencia para entender un aumento de animales de estas razas en la ciudad, resulta muy complicado estimar el número concreto de ejemplares censados en Badajoz. En teoría, todos deben inscribirse en un registro municipal tras conseguir la pertinente licencia que expide el Ayuntamiento tras comprobar que el dueño tiene un seguro de responsabilidad civil.
 
En el registro municipal de la ciudad se contabilizan más de 80, una cifra que puede valer para más para tener una idea de criadores responsables que para hablar de razas peligrosas. Varias protectoras de animales que trabajan en la ciudad ya han reiterado que esta cifra tan solo puede representar el 25% del total. Es decir, que si tomamos esta aproximación como válida, en la ciudad podría haber ahora más de 300 canes de razas consideradas peligrosas.
 
Desde las protectoras explican igualmente que los verdaderamente peligrosos son los humanos responsables de los perros porque los entrenan para intimidar a otros animales. Las organizaciones que trabajan en este ámbito suelen recibir quejas de personas que han visto a chavales jóvenes con perros de presa persiguiendo gatos o a otros perros abandonados por las calles. En muchos casos, temen poner denuncias ante los agentes de la Policía Local por miedo a represalias.
 
Desde las asociaciones que trabajan en la protección de los animales recuerdan también que, en realidad, no hay ninguna raza más peligrosa que otra, y que el verdadero riesgo lo entrañan criadores que tienen los animales para practicas casi delictivas y que en ningún caso van a ir a inscribirse al registro municipal y conseguir la respectiva licencia municipal, mientras que los dueños responsables que tienen una afición sana por los animales no tienen reparo en cumplir con la ordenanza, sacarlos con correa y bozal y cumplimentar el seguro de responsabilidad civil que se exige.
 
Fuente: Hoy