Los casos son innumerables. No hay cuadra en Villa La Bolsa en la cual no hayan desaparecido uno o varios perros. En la apacible villa serrana nadie imagina que el delito ataque con esa frecuencia y menos a un objetivo tan fuera de lo común. Pero parece que algunos han encontrado una buena “veta delictiva” porque el flagelo está golpeando parejo a todos por igual, desde el vecino común hasta las autoridades de la población ubicada en el valle de Paravachasca.
Es cuestión de preguntar, casa por casa, en las veterinarias, a las autoridades o también guiarse por el comentario del pueblo. Todos refieren que es muy común el robo de los perros, aunque destacan algunas características especiales: siempre son de raza (puros, no mestizos), en su mayoría son hembras y preferentemente se buscan crías o ejemplares jóvenes.
Un caso llamativo es el de un “doctor” radicado en esta población serrana (que pidió no ser identificado), al cual le “desapareció” su perra ovejero alemán. Encariñado con la mascota, se cansó de preguntar por todos lados, pero a lo largo de varios días no obtuvo la menor respuesta.
Un día, optó por cambiar de estrategia y ofreció una buena suma de dinero para que un grupo de lugareños le encuentre su perra. La respuesta no se demoró: esa misma tarde se enteró de que su mascota estaba atada en un rancho en las afueras del pueblo.
Hay innumerables casos de perros que se escapan, vagabundean y vuelven a su casa... si es que los dejan. Además de la jefa comunal, el ex secretario de la comuna Félix Giuliano también es víctima de este flagelo. A él le robaron tres perros en los últimos años: un pastor belga, un manto negro y, el año pasado, un labrador.
El ex funcionario, con décadas de conocimiento del pueblo, señala que es muy difícil controlar el movimiento de gente que entra y sale. “En La Bolsa hay 17 entradas. No se pueden controlar los ingresos y sería muy costoso hacer algo efectivo. Si no se pueden frenar los robos comunes de las casas, imagínese lo que sucede con un simple perro”.
“Vienen a consultarme por el robo de perros. Es impresionante la cantidad, sobre todo después de los fines de semana. Son muchas hembras, por lo que pensé que las usaban para reproducción”, comenta la veterinaria Ingrid Kallenbach respecto de lo que pensó cuando el año pasado comenzó a recibir a los primeros vecinos preocupados por la desaparición de sus mascotas.
La mujer contó que uno de ellos recuperó su labrador retriever sustraído en Los Aromos gracias a que un vecino tomó la patente de la camioneta que lo “levantó”. Según comentaron a este diario en el destacamento policial de Anisacate, el dueño del perro se valió de un ingenioso ardid para recuperarlo: con el “dato” fue a la casa de quien le había sustraído la mascota y le dijo que las cámaras de seguridad de la comuna de Los Aromos lo tenían registrado. Asustado, el habitante de una villa próxima a Alta Gracia terminó entregándole el labrador que hasta ese momento no aparecía.
La propia veterinaria cuenta que ella recuperó una cachorrita gran danés “arlequín”, una rara variedad, muy apreciada, que le había desaparecido a la familia Garzón, de La Bolsa. “Misteriosamente apareció en la casa de un chico en el ‘camino a Las Nubes’. Fui yo misma y la busqué”.
A unos parientes de esa familia les robaron una “fila brasileña”, un ejemplar de raza de gran tamaño y muy caro, que jamás recuperaron. En este caso, se aprovechan de que son casas de fin de semana en las que sólo hay cuidadores.
“Es muy difícil de controlar –sostiene Kallenbach–. Si no pueden frenar los robos comunes de las casas, difícilmente se pueda hacer algo con esto”.
A Julia López, que hace poco vive en esta villa serrana, le robaron un cachorro que parecía un manto negro puro. Tenía dos meses y un porte excepcional.
“Conozco varios casos de robos en esta zona (Palo Blanco, cerca del río), siempre con perros de raza. Nunca vuelven a aparecer. Hay que decir que es peor en época de temporada (turística), porque hay más movimiento y es más difícil saber si hay gente que merodea cerca de las casas”, sostiene Julia.
En cambio, a Nora Chávez, una fisioterapeuta que vive en la zona de El Cerrito, cerca de la ruta, le llevaron un collie macho de pocos meses. Fue a fin del año pasado. También ella cuenta que a una vecina suya le pasó lo mismo.
No por tratarse de perros de raza, los perros son de gran porte. A Mario Frutos, encargado del Sindicato de Pasteleros desde hace 12 años, le robaron su chihuahua macho de adentro del predio. Por suerte le dejaron la hembra.
Él también cuenta que en la zona se robaron una perra manto negro, una ovejero alemán y una pareja de manto negros adultos.
En general, la gente no va a la Policía a denunciar las sustracciones o desapariciones de perros. Así lo sostienen en la Departamental con sede en Alta Gracia. Salvo las intervenciones exitosas, los uniformados no han tenido mayor participación.
Marcelo Geremía es un vecino de La Bolsa que dice que a él, directamente, se le metieron en su casa y le robaron las crías de sus dos perras labrador. Antes de darse cuenta de que se las habían robado vio que las estaban vendiendo en la ruta. Fue a la Policía y exigió que el “vendedor” entregara dos de las seis crías que le habían sustraído. Más tarde encontró otra, pero a las restantes nunca más las vio.
“Esto es algo bastante sistemático. Conozco gente que roba permanentemente, los venden en Córdoba y hacen plata”.
Geremía, a quien luego le robaron otra perra de esta raza, se ha movido indagando lo que sucede con este fenómeno. “Son ‘escapistas’, que se aprovechan de los perros que andan sueltos. Si no te los roban de tu casa, a los que andan sueltos te los encierran”.
Volviendo a las denuncias, Geremía es concluyente: “A uno le da un poco de vergüenza denunciar el robo de un perro frente a los otros delitos que suceden”.
Fuente: Francisco Panero, La Voz del Interior