Entre Ríos. En todo el mundo se establecen normas para la tenencia de los perros considerados peligrosos. En EE.UU. hay estados donde no se les permite habitar, igual que en algunos países europeos, donde hasta se exige certificado psicofísico del dueño y pago de seguros. En el caso de Paraná, está vigente la ordenanza Nº 8.678 de agosto de 2007, que regula la tenencia de animales domésticos de compañía e incluye artículos específicos dedicados a “perros potencialmente peligrosos”. Define qué se entiende por este tipo de animales, obliga a inscribir esos canes en un registro municipal o en veterinarias y faculta al Ejecutivo municipal a determinar qué requisitos deber reunir quien quiera ser propietario de animales de esas características.
La Ordenanza Nº 8.678, en su artículo 4 bis, considera como “animales potencialmente peligrosos” a “todos los que pertenecen a una tipología racial, que por su carácter agresivo, tamaño o potencia de mandíbulas tengan capacidad de causar la muerte o lesionar a las personas o a otros animales” y dañar las cosas.
También incluye en esa categoría a “aquellos que hayan evidenciado, mediante denuncias, antecedentes de agresión hacia personas u otros animales”. Por último, ese artículo faculta a la autoridad de aplicación –el Ejecutivo– determinar el listado de animales comprendidos en la clasificación de “animales potencialmente peligrosos”. Pero hasta ahora no se normalizó la ordenanza.
La norma prevé la inscripción “obligatoria, sin excepción” de animales domésticos considerados peligrosos en un registro municipal o en la veterinaria que atienda al perro. El trámite consistirá en la presentación del animal registrado y la cartilla sanitaria, que será facilitada por el organismo que lo registre. En tanto, la inscripción aparece como optativa –según se interpreta– para las demás mascotas, excluidas de esta categoría de riesgo.
En abril de 2011 un ataque tuvo un desenlace fatal: una mujer falleció al ser mordida por dos rottwailer en la casa de su pareja, en Bajada Grande. A pedido de la agrupación Canadian Voices for Animals a los animales no les aplicó eutanasia, fueron trasladados al Antirrábico Municipal donde esperan desde entonces, enjaulados y aislados, en hábitats muy distintos de la casa donde fueron criados. Esta Asociación aún no se hizo cargo de ellos a pesar de los ocho meses transcurridos.
Quienes poseen este tipo de animales deben conducirlos en la vía pública siempre con collar, correa y bozal y tener en cuenta que son responsables en caso de que el animal produzca algún perjuicio. Además desde el Antirrábico Municipal recomiendan castrar machos y hembras (el servicio es gratuito, solicitando turno al 4201849).
El etólogo español Antonio Pozuelo Cisneros, apunta que “un perro ataca cuando peligra su supervivencia, algún recurso o su éxito reproductor”. También pueden existir causas derivadas del dolor o de desarreglos hormonales. Esta conducta puede presentarse de forma repentina en perros muy cariñosos y sin dar señales previas de agresividad. Según el especialista “la causa más común es la competición por ocupar un lugar predominante en la manada”.
Pozuelo aconseja no optar por este tipo de razas, especialmente si viven niños o ancianos en la casa y ser muy estrictos en su educación. Lo mejor es acudir a un profesional que lo adiestre en obediencia basada en la jerarquización.
“No los atiendo si el dueño no los puede dominar y ponerles un bozal”
El veterinario Gustavo Damonte, reconocido profesional, aclaró: “Las razas consideradas peligrosas atacan sin aviso, y para manejarlos hay que tener mucha autoridad, todo el tiempo. Si me llaman para atender alguno, pregunto si el dueño lo puede manejar y colocarle un bozal, ya que hay casos de ataques graves a colegas. Una vez un labrador me atacó, tengo cicatrices en el estómago y brazos”. Recuerda: “Un cliente me llamó pues no podía manejar su perro, un pastor de los Pirineos, que había mordido a miembros de la familia y había quedado confinado solo en una cancha de tenis. Tuvieron que practicarle eutanasia, nadie podía tocarlo, le tiraban la comida por arriba del tejido. Eso es lo que pasa finalmente: los animales terminan atados o encerrados el resto de su vida, eso es tristísimo.”
Dice que hacen falta leyes más duras en este tema. “Ves en la Costanera o paseando por el parque a rottwailers, dogos, dobermans, pit bulls (considerado el más peligroso), los perros sueltos, un peligro. Pero casualmente los dueños suelen estar emparentados con el poder y las leyes, por eso no se aplica mano dura y multas. ¿Cuántas muertes más hay que lamentar a causa de perros mordedores?, se pregunta.
“Todos creen que a ellos no los van a atacar, pero pasa”
Celeste es paranaense. Madre, abuela y reconocida protectora de animales, desgranó ante UNO su terrible historia: hace cinco años fue atacada por su perro raza doberman, “el único perro que compré en mi vida, por lástima”, y relata aquel ataque que marcó un quiebre en su vida, ahora signada por el dolor físico.
“Tenía 46 años al momento del ataque. Estaba con mis perros en el patio, quise alzar a una cachorra y el doberman, de 5 años y medio se me vino encima. Me tiró al suelo, y me mordió el brazo derecho, arrancándome la carne y tendones. Después me atacó por la espalda, me arrancó partes del cuero cabelludo. Me alcancé a sacar el pulóver y él siguió mordiéndolo hasta tranquilizarse. Todo duró media hora hasta que me desmayé. Me llevaron al hospital donde me hicieron cuatro operaciones y casi me amputan el brazo, estaba destrozado. Después de tres meses internada tuve que aprender a escribir, a moverme, quedé incapacitada”.
Aún recuerda con nostalgia a su amigo: “El perro era muy guardián pero me enfrentaba si lo retaba, no me respetaba. Actualmente, para calmar el dolor insoportable del brazo, voy a un médico especialista en Santa Fe, debo tomar derivados de la morfina y demás drogas muy fuertes que me marean”. Recomienda no adquirir perros de las razas consideradas peligrosas, ya que “suelen atacar sin previo aviso y a sus mejores amigos,” concluyó. Las terribles heridas en su cuerpo explican esta recomendación.
Fuente; Uno