Comprendiendo cómo se comportan los perros en la naturaleza, puede ayudarnos a satisfacer sus necesidades cuando los llevamos al interior de nuestros hogares
El vínculo que comenzó hace muchos años entre las dos especies (humanos y caninos) se estrechó aún más, debido a que comparten muchas características en común.
A saber:
Como vemos, perros y humanos, nos parecemos bastante.
Pero cuidado. Ni nosotros somos perros ni los perros son humanos.
Uno de los más grandes errores que cometemos es la humanización de nuestras mascotas. Al hacerlo, suponemos y pretendemos que nuestro perro piense y actúe como una persona. Cuando en realidad, nuestro perro sigue siendo un descendiente de lobo. Sigue pensando, actuando y reaccionando como tal. En todo su organismo es un perro.
Como tal, debemos educarlo para que se pueda adaptar a convivir con nosotros de una forma mucho más estrecha que sus antepasados.
Comprendiendo cómo se comportan los perros en la naturaleza, puede ayudarnos a satisfacer sus necesidades cuando los llevamos al interior de nuestros hogares.
La decisión de adoptar un perro en nuestro hogar debe ser algo meditado, analizado y consensuado entre todo el grupo familiar, que va a compartir varios años la compañía de un nuevo integrante.
Un perro no es un juguete, ni un accesorio de nuestro vestuario, ni una moda.
La decisión de adoptarlo debería ser tratada con la misma atención cuidadosa que usaríamos si tuviéramos que decidir dónde vivir, con quién vivir y si vamos a tener niños.
Demasiado frecuentemente, un perro es adoptado porque es lindo o está de moda, cuando, sino, por la compra compulsiva, a que nos lleva nuestra sociedad consumista, que nos da un mensaje equivocado que podemos tener todo lo que queremos y vemos.
Volviendo a la realidad, verdaderamente no podemos tener todo lo que queremos o vemos. No todas las personas o grupos familiares están en condiciones físicas, emocionales, temperamentales, económicas, etc., de tener la gran responsabilidad de adoptar un perro.
Como ejemplo basta mencionar aquellas personas que nunca tuvieron un perro y que, de repente, quieren comenzar con uno determinado, que, analizándolo fríamente, necesita determinada cantidad de rutina de ejercicios durante el día o existe una incompatibilidad en el carácter que hace imposible la convivencia.
Cuando se selecciona un perro, es muy importante tener en cuenta si vamos a armonizar nuestra energía con la del perro en cuestión. Lo mejor es tomarse algún tiempo para reflexionar e identificar nuestros niveles de energía, ya que, cuando están en conflicto los niveles de energía, las frustraciones resultantes de parte del ser humano y del perro, pueden crear tensiones con repercusiones dramáticas.
¿A usted le gusta hacer ejercicios y/o caminatas por las mañanas o las tardes?
¿Es usted una persona sedentaria que le gusta leer y tomarse la vida con más calma?
Una vez que usted identificó sus propios niveles de energía, comience a buscar su perro.
¡Mantenga la mente abierta, investigue, asesórese y tenga paciencia!
Mientras más aprenda de cómo piensan los perros, mejor podrá conectarse con él.
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