El gato doméstico desciende del Gato Salvaje Africano (Felis sylvestris lybica). El proceso de domesticación se basó en el mutualismo entre los felinos y los humanos.
Este mutualismo entre las dos especies hizo que ambas obtuvieran cierto beneficio al asociarse entre sí.
La organización social del gato es muy flexible y depende de la disponibilidad de alimento (viven en grupos si lo hay o son solitarios evitando el contacto con otros individuos de su especie, defendiendo su territorio de los intrusos, si no abunda la comida).
Es una especie netamente territorial, en donde las hembras tienen rangos de residencia que no se superponen y los machos tienen territorios más grandes, incluyendo porciones de residencias de varias hembras. Los grupos de gatos no demuestran las jerarquías dominantes, estables y netas, como en los perros; pero, se pueden observar relaciones de dominación entre pares de machos o cuando grandes cantidades de machos se juntan alrededor de hembras en celo. Los gatos poseen algo semejante a lo que en las personas llamamos características de personalidad, que tienen una base genética y una influencia muy importante del ambiente en el cual fueron criados durante los primeros dos meses de vida. Los gatos en grupo