Un “mestizo” puede proporcionar más alegría que un campeón purísimo que ha costado una fortuna
Por triste que resulte, es innegable que una severa selección de caracteres físicosmuchas veces no es conciliable con una selección de caracteres psíquicos. Incluso en el supuesto de que un criador se propusiera llevar a cabo una severísima selección de acuerdo con los dos puntos de vista, en la práctica, se vería obligado a adoptar soluciones de compromiso para seguir adelante. Por este motivo, en la cría de perros se empezó a distinguir entre la belleza del animal (show) y su rendimiento (agility o de forma idéntica a como se hace con las palomas mensajeras, de las que, efectivamente, se han creado dos razas distintas). De ellos son las líneas “de trabajo” en los Ovejeros alemanes o bien aquellas razas utilizadas para rastreo, caza o cobro de presas.
En otros tiempos, cuando el perro tenía esencialmente carácter de animal útil y la moda no había alcanzado todavía la importancia de hoy, no existía el peligro de que se descuidaran las cualidades psíquicas en la selección de animales de cría organizada. Es la “moda” la que se arroga el derecho de prescribir a los pobres perros cuál ha de ser su aspecto físico. Incluso criadores de probada honestidad profesional, que preferirían “morir” antes que permitir el cruce de un animal que no sea de raza purísima hasta su más lejano antepasado, no tienen nada en contra de la cría de ejemplares físicamente espléndidos pero con deficiencias psíquicas.
Finalizaba Lorenz diciendo: “lector entendido en perros, créame: "un “mestizo” inteligente, fiel, animoso y de nervios templados puede proporcionar a la larga más alegría que un campeón purísimo que ha costado una fortuna”.
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